Tuesday, May 01, 2007

 
Atreverse
y no morir
en el intento

Varios especialistas y referentes de la comunidad homosexual aseguran que ser gay es algo que ahora se asume más temprano y con menos conflictos que años atrás. Familia y sociedad, en apariencia, ya no discriminan tanto ni viven la cuestión como un trauma. ¿Es así? ¿O los jóvenes gay de ahora deben sufrir y callar como los de antes?

Cuando se lo dijo a su padre, Martín Lanfranco supo que no iba a ser sencillo. "No podía entender que yo fuera gay -cuenta Martín-. Lo vivió como un fracaso, como un drama. Con mi vieja fue distinto: antes de que yo se lo dijera, ella ya lo sabía bien".
De aquella revelación ya pasaron cinco años, y el padre, aunque algo más resignado que la primera vez, todavía sigue viviendo la sexualidad de su único hijo varón como si fuera una tragedia irremediable. Hoy Martín tiene 24 años y una pareja estable con Luis De Grazia, su compañero de ruta. Juntos se unieron a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y ahora coordinan el grupo de Jóvenes de la institución.
Lo hacen por una razón simple: que los chicos no tengan que sufrir lo que ellos sufrieron y puedan asumir su homosexualidad frente a su familia del modo más natural posible, algo que, según ellos mismos cuentan, ahora es mucho más sencillo que años atrás."La homosexualidad se asume en la actualidad más temprano y tal vez de un modo menos conflictivo que años atrás", apunta Luis, para quien resulta un dato alentador que los adolescentes de un mismo sexo puedan, por ejemplo, estar ahora tomados de la mano en el recreo de un colegio y que eso ya no sea visto como un acto censurable. "Claro que esa una realidad urbana acaso más aceptada en capital federal y que tampoco se da en todos los casos -aclara Martín-. Seguramente en el interior del país o incluso en ciudades como La Plata eso todavía no ocurre con la frescura y naturalidad con que debería ocurrir".
Lo que dice Martín no suena exagerado si echa un vistazo por la realidad: en nuestro país, hasta hace apenas unos años atrás comprobar que un hijo (sea varón o mujer) deseaba, quería o amaba a alguien del mismo sexo era poco menos que una tragedia y hasta un problema para ir al médico. La familia lo vivía generalmente como una cuestión a silenciar y dejar escondido entre cuatro paredes.
Ahora, apertura mental mediante, esa incomprensión y falta de respeto hacia lo diferente o desconocido está empezando a romperse."Algo de la realidad está cambiando -reconoce César Cigliutti, presidente de la CHA-. Por primera vez desde nuestra creación estamos recibiendo llamados de padres que quieren saber cómo actuar frente a la homosexualidad de su hijo. Hay un cambio, una apertura. Y cada vez son más los chicos que pueden decirle a sus padres que son gay y no vivirlo como si fuera un problema".En los grupos de Jóvenes la CHA que coordinan Martín y Luis hay chicos y chicas de entre 14 y 20 años. Hay gays, lesbianas y transexuales. Todos van para que el tránsito por una sociedad que suele discriminar no se les vuelva tan dificultoso. Y a veces lo logran: "no vivimos en un mundo ideal -dice Martín-, pero al menos hay algunas mejoras con respecto a unos años atrás. Hoy un pibe de 18 años puede llevar el novio a su casa y tal vez esté todo bien. Hace cinco años era casi imposible. Mi viejo no lo pudo aceptar, se amargó. Lo vivió y lo vive como un drama. Es más: después de cinco años, aún hoy sigue sin conocer a mi chico".
Todos coinciden en algunos conceptos bastante básicos: en las nuevas generaciones los prejuicios se han desvanecido o, al menos, ablandado un poco. Entre los adolescentes, las distintas orientaciones sexuales no tienen la satanización ni estigmatización que tenían años atrás y lo toman con bastante naturalidad y poco y nada de censura. Tal vez por la televisión, por la globalización o por el simple tiempo transcurrido, hoy por hoy ya son una especie casi en extinción los que buscan "normalizar" a los homosexuales para adaptarlos a "lo que se debe" o "curarlos" de alguna enfermedad sin nombre, cosa que sí ocurría antes. Para muchos, es esta simple apertura lo que genera que la asunción de la homosexualidad sea cada vez más precoz y acaso menos traumática."La elección de la sexualidad es uno de los aspectos más importantes e íntimos de la condición humana -apunta la psicóloga Laura Mariani, especialista en adolescencia y familia-: define nuestra posición frente a la vida y da cuenta del rol que estamos dispuestos a asumir. Sabemos que no es fácil tratar de entender al que es diferente, y que a primera vista es más simple elegir a imagen y semejanza. Pero lo realmente difícil y comprometido es construir algo nuevo frente al espejo".Según apuntan los especialistas, los adolescentes de hoy crecieron en un mundo menos esquemático que el de sus padres. Un mundo plagado de instituciones y modelos en crisis y donde la diferencia, punto a favor, ya no se vive como amenaza y mucho menos como tragedia.
Para Mariani, con todo, la sociedad de consumo y la oferta indiscriminada de sexo sin amor estable es algo que ahora también está mostrando sus resultados: "las grandes dificultades para discriminar entre verdad y consecuencia, algo que afecta directamente a los más jóvenes".
Otro punto en el que los especialistas suelen hacer foco al hablar del tema está directamente relacionado con el rol de los padres. Para muchos, considerar que la homosexualidad de un hijo sea un fracaso paterno es clara y sencillamente un prejuicio: los padres, se entiende, deberían evaluar la capacidad amorosa, los rasgos éticos, la posibilidad productiva y creativa y la capacidad de defender la propia vida y la del semejante a la hora de hablar de fracasos y no, en cambio, reducir éstos a una simple condición sexual.De todos modos hay algo claro: que haya mayor aceptación no significa para nada que los padres vivan el tema con felicidad. Martín Lanfranco lo explica muy bien: "Lo pueden aceptar mejor que antes, pero en la mayoría de los casos lo siguen viviendo con desilusión y tal vez como si fuera un fracaso personal. A muchos todavía les resulta imposible entender que la homosexualidad no es producto de un error".
Con algo de resignación y una pena que acaso aún flote en la memoria, Martín repasa una historia que siempre se recuerda como dolorosa: "es muy complicado ser un nene y darse cuenta que sos diferente. Que las chicas no te gustan. Que te enamorás de un compañerito de clase. Es complicado porque te sentís muy solo, casi como un bicho raro. Por suerte creo que Internet o la tele vinieron a ayudar en ese sentido. Hoy un adolescente gay ya no lo vive como si le pasara algo raro. Antes, uno sentía que era un ser extraño y que nadie lo podía llegar a entender. Por suerte eso está cambiando. Y la idea es seguir ayudando para que el cambio sea todavía mejor". FUENTE: EL DÍA
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