Monday, December 05, 2005

 


La historia de amor de un cura y un seminarista

El documento del Vaticano que prohibió la ordenación como sacerdotes a los gays puso otra vez en escena la relación de la Iglesia con la homosexualidad. Aquí, un ex seminarista relata la relación que tuvo con su confesor. Amor en el convento, sexo y culpas. El homoerotismo en los seminarios.
El no conocía el contacto personal. Por eso retiene en la memoria los primeros roces. “La caricia distraída”, la nombra. Comenzó a gustarle. Al oído atento, a la conversación religiosa, a los devaneos sobre teología moral, se les sumaba ese acercamiento afectivo que lo desconcertaba, pero que lo atraía. “Fue un proceso de un año. Comenzamos a salir.” Iban al cine, a ver películas que de tanto en tanto les mostraban en pantalla un beso ajeno, una historia de amor entre hombres y mujeres, tan lejana a la que no se podía dar entre ellos. Nuestro hombre sólo había tenido fantasías con varones, pero inmerso en el camino hacia el sacerdocio desde tan pequeño no conseguía imaginar el sexo real. Era racional y se había intelectualizado al extremo. El camino de la seducción fue lento. De pronto, un día, en la oscuridad de una première, el padre le tocó la mano. El no corrió la suya. El padre le tomó la mano. Así se quedaron a lo largo de la película, entre la vergüenza, el placer y el pecado. “Yo sabía que me seducía, y me dejé seducir, no fue nada forzado en ningún momento.”
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