Wednesday, February 15, 2006

 
José Carlos Civit

Patricia Highsmith y el armario criminal

Highsmith fue en cierto modo una pionera de la literatura lésbica publicando “Carol” en plena década de los cincuenta. Aunque la novela es tímida y sexualmente recatada retrata una serena historia de amor entre mujeres en la Norteamerica posterior a maccarthy, sin patologización y con un final feliz.

“El diario de Edith” es su novela más respetada por la crítica, en parte porque es una de sus pocas obras que se aleja totalmente de la literatura de género. Por otra parte logra un desgarrado retrato femenino y hace una interesante reflexión sobre el autoengaño presente en la creación literaria.

Uno de los temas menos explorados de la figura literaria de Patricia es la de las relaciones que pueden establecerse entre la homosexualidad y la conducta criminal en un mundo en la que ambas forman parte de lo socialmente desaprobado y viniendo de una autora nacida en una nación donde la homosexualidad ha sido un delito hasta los años sesenta.

El personaje de Ripley se apropia de una personalidad ajena en un acto de vampirismo que es también un acto de seducción y que pasa por la eliminación del amado. Tal y como aparece en el filme de Minghella las tendencias homicidas de Ripley son vividas como un caso de homofobia interiorizada y homosexualidad reprimida, hasta el punto de que el filme debió haberse llamado “El armario de Mr. Ripley”. Algo parecido hay en la ambivalente relación entre el psicópata Bruno el playboy Guy de “Extraños en un tren”. La introducción de Bruno en el mundo burgués y heterosexual de Guy bien puede ser visto como la irrupción de lo perverso en un mundo donde toda desviación de la norma aparece controlada.

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