Sunday, March 05, 2006

 
Transexuales en prisión, la doble condena

Se sienten presas de su cuerpo y además tienen que cumplir su pena en módulos llenos de hombres


Reyes es una mujer, aunque desde hace ocho años el espejo de su celda se empeñe en llevarle la contraria. Los 180 hombres con los que ha compartido esta larga temporada en el módulo cuatro de la prisión de Tenerife la llaman Ana o Negra, en honor a los rasgos que heredó de su madre africana, pero también hubo quien le gritó "¡José Ramón!", que es el nombre que le puso su padre, un militar español que la hizo vivir hasta los 21 años "con las manosen los bolsillos" para que nadie notara el vuelo de sus gestos.
Reyes, al fin y al cabo, sólo es un nombre de transición, que es también el estado actual de su vida. Condenada a 12 años de prisión por diversos delitos de robo, su buen comportamiento le acaba de abrir las puertas de la cárcel y ahora sólo tiene que ir a dormir. Logró cambiar legalmente su nombre original por el de Reyes, que tanto pueden utilizar hombres como mujeres, pero no podrá ser Ana hasta que se someta a una operación de cambio de sexo o cambie la ley. Detrás quedan los ocho años en los que se sintió encerrada en la doble cárcel de su cuerpo y del penal, pero por delante se le presenta una vida tan complicada al menos como la de muchos de los 8.000 transexuales que viven en España. "Por la noche, cuando me desnudo frente al espejo, me siento ridícula y lloro".
Reyes se sienta en una cafetería del centro de Santa Cruz y emprende un viaje asfixiante al pasado: "Cuando entras en la prisión, lo primero que haces es buscarte al chico más kie [en el argot carcelario, el más duro, el jefe del patio] y ligártelo para que te proteja. Pero si no consigues tener una pareja que se haga cargo de ti, empiezas a tener problemas. Nosotras sólo somos objetos sexuales. Sólo se te acercan para pedirte sexo o tabaco, pero sobre todo sexo, siempre sexo. Si alguien se sienta a tu lado y te ofrece un café, ya sabes que luego te pedirá que le cosas una camisa o que le hagas una felación. Las conversaciones derivan enseguida en si me harías tal cosa o me chuparías tal otra. Me vi en un módulo con 180 chicos y caí en una depresión. Estuve cuatro años en tratamiento psiquiátrico. Pedí mil veces ir al módulo de mujeres, pero nunca lo conseguí. El director que estaba antes me dijo que lo había intentado, pero que la ley no lo permitía. Me he sentido muy sola, muy mal. He cumplido una doble condena". Lea Más
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