Sunday, May 21, 2006

 

AMORES IGUALES

Luis Antonio de Villena

La historia de la homosexualidad —como la sentimos hoy— empieza por un insulto. Su mundo, su reaparición, su cultura, será, consiguientemente, la recuperación del prestigio. Los modernos movimientos gay y lésbicos (cuya problemática, acaso como signo de salud mejor, va ganando complejidad y visibilidad) se preguntan hoy, entre las múltiples búsquedas de identidad, si puede hablarse de una cultura homosexual y en tal sentido, y después, de una literatura o poesía homosexuales, que posean un sello, algo distintivo respecto a la cultura heterosexual... Es obvio ya que la historia de la homosexualidad —del deseo homosexual— es la historia de un rechazo, de una afrenta y de un silencio. Y la cultura —y sobre todo la literatura homosexual— sería entonces el espacio, la lucha en muchas ocasiones, para romper la opacidad, el interdicto y sobre todo el silencio, bajo el cual —condenados— han padecido tantísimos seres... Nunca se repetirá bastante que pecado nefando (como la Iglesia católica tituló la homosexualidad) significa el pecado que no puede decirse, que ni siquiera puede decirse...Junto a esto, evidentemente, habría que considerar que las literaturas se crean por una continuada tradición de lengua y estilos. Así es que —tomemos un ejemplo muy clásico— ¿a qué pertenecería André Gide? ¿A la narrativa homosexual de principios del siglo XX, aunque bastantes de sus libros, La sinfonía pastoral por ejemplo, no tienen explícita temática homoerótica? ¿O mejor a la literatura francesa en el cruce entre el simbolismo, la apertura de la modernidad y los problemas del compromiso? A mi saber el segundo rótulo explica mucho mejor la obra de Gide, añadiendo que fue homosexual, ejerció de tal, escribió sobre el tema —su mítico Corydon, 1911— y quiso, valientemente entonces, que los demás supieran su condición. Habría que agregar también que, como tantos homosexuales entonces y aún ahora, André Gide se casó y más tarde tuvo una hija, con otra mujer... Gide fue y quiso ser homosexual, pero ¿podría calificarse, sin grave reduccionismo, su literatura de homosexual a secas? No sabemos si algún erudito llegará a descubrir estilemas gays en las obras de algunos autores, lo que en el mejor de los casos daría pie a un estilo gay, que no a una literatura homosexual o lésbica. No entraré más en un tema complejo que desborda mi propósito ahora: de lo que, sin embargo, no puede quedar duda alguna es de que la homosexualidad —el deseo entre personas del mismo sexo— al ser una realidad, aun en sus más duros momentos, es un tema, un mundo que condiciona al autor y a los lectores. Y en tal sentido sí cabe un gran apartado, que es el que esta antología se propone: el tema gay y y lésbico como una corriente que casi nunca ha dejado de estar en la literatura, aunque durante siglos —inevitablemente bajo la férula judeocristiana— haya sido para mal: sátiras, burla o condenas. Cómo la poesía ha expresado —y expresa— la naturalidad del amor entre sexos iguales o ver cómo, y bajo qué condiciones, ha quebrado el interdicto y el silencio, es el propósito básico de esta antología. Demostrar, someramente, que la temática homosexual no es, en absoluto, una anécdota. El lector sacará de ello los significados que quiera. Aunque como se trata de poesía —y por tanto de arte— en la selección de poetas y poemas, dentro de lo disponible, no sólo se hace valer el tema sino además la calidad literaria del resultado. Algunas antologías de poesía gay de ahora mismo (cuando el tema y quienes lo usan se han multiplicado por más de diez respecto a épocas anteriores) suelen adolecer de dar por bueno cualquier texto de explícito asunto gay, aunque su calidad literaria sea bajísima. Eso no es culturalmente razonable, y en lo posible, he querido evitarlo. (Prólogo) Lea Más en La Esfera de los Libros

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