Sunday, October 22, 2006

 
Nuestra mejor arma contra la discriminación

La educación representa una vía abierta y sin violencia para lograr una transformación hacia una sociedad más justa y equitativa. Su acción transgresora y de vanguardia en la comunidad no debe ser menospreciada. Constituye una herramienta real para atreverse a cruzar los límites predeterminados.
¿Cuántas veces nos hemos preguntado sobre el medio de lucha más óptimo para alcanzar las leyes de igualdad de género? El matrimonio y la filiación continúan siendo derechos vedados para el colectivo homosexual en nuestro en país. Incluso, según la legislación en materia de salud, tenemos prohibida la donación de sangre por considerársenos un "grupo de riesgo". Quebrando así visiblemente la facultad constitutiva de la democracia, es decir, la pluralidad.
Frente a este proceso generador de discriminación se opone la educación en su quehacer político cotidiano, en la formación de ciudadanía. Con el objeto de nutrir una sociedad en base a sus divergencias, mostrando por ejemplo que otras formas de sexualidad pueden coexistir, cada ser humano a través del aprendizaje se convierte en artesano de sí mismo y de su interrelación con el medio que lo rodea, a partir de su historia y de su conciencia. La escuela debe funcionar como una puesta en escena para la transformación puesto que dirige a la sociedad a develar la realidad opacada por los ideales impuestos, por esa supuesta "norma" a la cual todos debemos ajustarnos si no queremos ser marginados. Aquel que no esta preparado para leer una palabra, difícilmente será capaz de leer su mundo, de interpretar la vorágine de la realidad.
En su reciente viaje a la Argentina, Beatriz Gimeno, la presidente de la FELGT, y principal referente de la lucha contra la homofobia, dio cuenta de la labor que desde su organización se lleva adelante en las escuelas. Al entender las aulas como reflejo de la sociedad y espacios de formación, resulta sencillo percibir la importancia de actuar en estos ámbitos, de inculcar el respeto hacia las diferencias. Lamentablemente en Latinoamérica los movimientos lgtb se han focalizado en otras tareas, descuidando la labor de concientización que deberían adoptar ¿Cuándo será la hora de educar al ciudadano? No bastan leyes como la implantada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de unión civil para efectivizar los derechos de igualdad. Ni tampoco refleja un cambio real en la cosmovisión, la tolerancia a los miembros del grupo estigmatizado, pues se continúa considerando inaceptable cualquier política de igualdad. El cambio debe surgir desde el seno de la sociedad.

Por Nicolás G. (agmagazine)
Comments:
Toda la razón del mundo,pero esa sería una medida a mediano y a largo plazo...me pregunto cuál será la fórmula para que se respete el derecho a sentir diferente más allá de las leyes, en el futuro inmediato.
 
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