Wednesday, April 25, 2007

 
Del armario
a la pista de baile

Los definieron como un grupo tan gay que, en vez de salir del armario te arrastraban dentro. Su disco de debú vendió más de dos millones de copias en el Reino Unido y es uno de los diez álbumes más exitosos del siglo XXI. Mientras, en Estados Unidos, su país natal, la cadena de supermercados Walmart se negaba a vender sus discos, no por razones musicales, sino por su supuesto lenguaje ofensivo. En España lograron cierta fama con sus primeras actuaciones en festivales como el de Benicàssim o el barcelonés Primavera Sound. Hoy siguen siendo la banda que más heterogéneo público convoca en el Reino Unido, mientras en EE UU son un fenómeno que no acaba de estallar. En Perú son enormes. Han vendido todo el papel para anoche en Barcelona y para hoy en Madrid. En total, casi 5.000 personas disfrutarán de un espectáculo en el que se mezclan, con desigual resultado, los temas de su homónimo y notable debú y los de su redundante continuación, Ta dah.


La música de Scissors Sisters es un descabellado cruce entre glam, rock, pop de radiofórmula y música disco. En fin, música de baile anterior al advenimiento de la electrónica. Pero el éxito de la banda parece residir más en la propuesta estética y metafísica que en las canciones, que cuando triunfan recuerdan al Elton John más seminal y festivo; cuando fracasan lo hacen de manera casi bíblica.
Ante una audiencia que no hace más que confirmar que a la generación patria de baby boomers le está costando más de lo esperado deshacerse el complejo Peter Pan, los de Nueva York arrancan el show con She's my man, el tema que abre su último largo. La canción es recibida con descomunal entusiasmo. Es el epítome perfecto de esta banda de gente para la que cada noche es una fiesta, cada prenda un disfraz. Ya no quedan bandas así, por eso tal vez resulta tan difícil canibalizar la propuesta de los neoyorquinos.
La música de Scissors Sisters se mira y se baila, mucho más que se escucha. La verdad, pegar la oreja a medianías como Kiss you off, el tema que canta Ana Matronic, antigua diosa del cabaré neoyorquino, se antoja un ejercicio de lo más estéril. Mientras, su compañera en tareas vocales y verdadero imán de miradas y hormonas, Jake Shears, se contonea. En estos momentos, el grupo cobra sentido. Se tornan imprescindibles.
Tras 50 minutos de festival glam, se disponen a arremeter la canción que les hizo populares, una versión a lo Bee Gees del clásico de Pink Floyd Comfortably numb, que pone a la audiencia en órbita. Una audiencia que no ha parado de bailar durante todo el concierto sin importarle demasiado el calor sofocante que hay en este invernadero. Incluso ha celebrado con ritual alegría el momento en que la Matronic ha declarado Barcelona como ciudad preferida de la banda, y ha enseñado un tatuaje que, supuestamente, recrea una obra de Gaudí.
Durante los bises llega la apoteosis. Cambios de vestuario y logrados strip-teases que nos recuerdan lo bueno que era Shears en su anterior trabajo como gogó. Como colofón, dos de los llenapistas definitivos de este siglo XXI: Take your mama out y Idon't feel like dancing. Y en este momento, nos convencemos finalmente, llenos de gozo, de que bailar e ir de compras es lo más grande de esta vida. Fuente: El País
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