Saturday, September 29, 2007

 
El 'arquitecto del sida'

A comienzos de los años 80, Anthony Fauci aventuraba la gravedad de un raro síndrome en el sistema inmune, del que por entonces se desconocía todo, incluso el virus que lo causaba. Dos décadas después, este médico dirige una de las grandes instituciones estadounidenses de investigación y ha sido el responsable de importantes avances contra aquella enfermedad: el sida. Fauci acaba de recibir un Premio Lasker, el equivalente americano a los Nobel de Medicina.
"Desde el virus del sida a la biodefensa, ha llegado al público y ha puesto importantes temas de salud en la agenda política y de investigación, tanto en EEUU como en el extranjero", señala la Fundación Lasker al tratar los motivos que le han llevado a otorgar el prestigioso premio en su categoría de servicio público.
Fauci, de 66 años, lleva más de tres décadas dirigiendo el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID, en inglés). Allí ha delineado desde el comportamiento del VIH hasta planes de salud pública contra la pandemia del sida.
A Fauci le entusiasma su trabajo al frente del NIAID, a caballo entre las pipetas y la gestión. Ni siquiera la oferta de dirigir a su hermano mayor (los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), la agencia estadounidense de investigación médica) le ha hecho cambiar de idea. Y eso que los dos Bush (padre e hijo) han intentado tentarle con ese cargo durante sus respectivas Administraciones.
Este neoyorquino llegó al NIAID a finales de los años 60. El investigador dirigía el Laboratorio de Inmunorregulación de este centro cuando, en 1981, comenzó a detectarse en hombres homosexuales una rara inmunodeficiencia. Y decidió reorientar su centro de investigación.

Los inicios del sida

"En los primeros años de la epidemia del sida, estaba bastante solo en lo que me parecía que iba a ser un gran problema de salud pública. Muchos de mis colegas pensaban que estaba loco al cambiar la dirección de mi laboratorio", recordaba hace unos años en una entrevista con 'Nature Medicine'.
Ni siquiera se había detectado el virus que ocasionaba la inmunodeficiencia, pero el investigador ya preveía el alcance de la enfermedad. "Estamos siendo testigos de la evolución de un nuevo proceso de enfermedad, de etiología [causa] desconocida, con una mortalidad de al menos el 50%, aunque posiblemente alcance el 75% o el 100%, y con el doble de pacientes afectados cada seis meses", advirtió en una revista médica en mayo de 1983.

Los hallazgos de Fauci han permitido comprender cómo el virus del sida destruye las defensas del organismo y otras claves del comportamiento del virus que han resultado clave para el desarrollo de nuevas terapias. Además de sus contribuciones en investigación básica y clínica, el investigador ha diseñado dos grandes programas gubernamentales: uno dirigido a la lucha contra el sida y otro a la biodefensa.

"La persuasión apasionada y razonable de Fauci llevó al Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del Sida, o PEPFAR [siglas en inglés], un compromiso sin precedentes para combatir el sida en algunos de los países más afectados", ha declarado Alfred Sommer, miembro del comité de selección de los premios, que han basado su decisión en los dos planes creados por el investigador.

La cara del bioterrorismo

"Durante más de 20 años, los presidentes estadounidenses han buscado el consejo de Fauci en su formulación de las políticas nacionales de salud pública y en su ejecución. Y él ha jugado un papel único en explicar asuntos de gran preocupación para nuestros ciudadanos", ha agregado.
De hecho, entre los estadounidenses el neoyorquino es más conocido como experto en bioterrorismo que por su labor contra la epidemia del sida. Cuando tras el 11-S surgió en EEUU el miedo a los ataques bioterroristas, se convirtió en la cara amable que tranquilizaba a los estadounidenses (por entonces asustados por un supuesto ataque de ántrax) sobre el alcance real de la amenaza bioterrorista. Al mismo tiempo, asesoraba al gobierno estadounidesne sobre las posibilidades de un ataque biológico.
No es de extrañar que quienes le conozcan le califiquen de adicto al trabajo. "Me levanto a las 4:30, vengo a trabajar a las 6:30 y compagino mis reuniones con mis investigadores de postdoctorado y el trabajo del laboratorio con mis tareas administrativas. Me gusta repasar datos de investigación todos los días. Corro alrededor del bucólico paisaje de los NIH a la hora de comer y, después, sigo. Me voy sobre las nueve", contaba a Nature Medicine.

Fuente: El Mundo
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