Sunday, September 23, 2007

 

El gay power crece en Latinoamérica: la cuna del machismo

Luego de ocho años de noviazgo, Gilberto Aranda y Mauricio List pudieron contraer matrimonio en la ciudad mexicana de Coyoacán el pasado mes de abril frente a 30 de sus amigos y familiares. El padre de Aranda, quien jamás aprobó la relación, no fue invitado a la ceremonia. Para los recién casados, la unión marcó el triunfo de una larga lucha de parte del movimiento por los derechos de la comunidad gay de México. La ciudad capital había legalizado la unión civil entre personas del mismo sexo sólo un mes antes de la boda de Aranda y List. "Después de todos estos años de marchas y de protestas, se podía sentir que estaban llegando vientos de cambio" declaró Aranda, un empleado estatal del gobierno de 50 años de edad.
Los vientos de cambio se expandieron más allá de Ciudad de México, una capital cosmopolita que sirve de hogar a una comunidad de intelectuales y artistas.
El crecimiento de las asociaciones de lucha por los derechos de la comunidad gay en el mundo occidental está teniendo una marcada influencia en los países en vías de desarrollo. En los Estados Unidos, el Partido Republicano se encuentra en serios problemas; en parte, por haberse proclamado rotundamente en contra del casamiento gay. Algunos miembros de la comunidad LGBT de las grandes ciudades como New York se preguntan por qué siguen organizando marchas del orgullo, como si todavía fuesen una minoría encerrada en el closet en vez de la parte importante de la población de Manhattan que son hoy en día. Desde el año 2001, países de Europa Occidental como Bélgica, Holanda y España han ido más lejos que los Estados Unidos, ubicando a las parejas de gays y lesbianas en el mismo nivel legal que sus pares heterosexuales. Y ahora, los países en vías de desarrollo de gran parte de Asia, Latinoamérica y África están siguiendo este camino, algunas veces imitando los modelos occidentales, algunas veces no. Pero en cualquiera de los casos, se está sentando precedente de que estos vientos de cambios se pueden seguir expandiendo a los lugares donde todavía reina la homofobia.
En México, la pérdida de credibilidad y prestigio de la Iglesia Católica Apostólica y Romana ha fortalecido la influencia de los activistas de la comunidad gay en las legislaturas del estado y los concejos de las ciudades para lograr la legalización de las leyes de unión civil, comenzando con Ciudad de México el pasado mes de noviembre. La creciente influencia de la cultura pop occidental y tolerante ha incentivado a los gays y lesbianas a proclamar su sexualidad en marchas del orgullo como la que se llevó a cabo en la ciudad brasileña de São Paulo el pasado mes de junio y que atrajo a 3 millones de manifestantes, de acuerdo a los organizadores del evento. Este se convirtió en el evento de la comunidad gay más importante de la historia de Brasil.
Dentro de los movimientos de izquierda de varios países en vías de desarrollo, la globalización es tomada como el chivo expiatorio de todos los males del planeta. Sin embargo, el liberalismo social de ciertos países desarrollados es bienvenido como parte de estos vientos de cambio. "Creo que fue de una gran ayuda que España y otros países de Europa hayan aprobado este tipo de leyes", reconoce el activista gay mexicano Alejandro Brito. "Este tipo de leyes se están convirtiendo más en asuntos de derechos humanos que de derechos de los homosexuales".
Personas clave han iniciado esta tendencia en algunos países. Algunos activistas señalan a algunas celebridades de la política con el fin de desestigmatizar su causa, incluyendo a Nelson Mandela, quien aceptó de buena gana la sugerencia del actor británico Sir Ian McKellen a que apoye la prohibición a la discriminación basada en la orientación sexual en la primera constitución post-apartheid de Sudáfrica. Otro político utilizado como bandera para la causa ha sido el ex primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, cuyo gobierno fue el primero en aprobar la unión civil para parejas conformadas por personas del mismo sexo.
El mayor y quizás más sorpresivo cambio es el que se ha llevado a cabo en Latinoamérica, la cuna original del machismo. En el año 2002, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la primera ley que permite la unión civil a parejas del mismo sexo en Latinoamérica. Hoy en día, esta misma ley ha sido aprobada en cuatro estados de Brasil. El año pasado, un diseñador de modas abiertamente homosexual fue elegido para formar parte del Congreso Nacional de Brasil con casi medio millón de votos. En el mes de agosto, un juez de la corte federal del estado de Río Grande do Sul levantó la apuesta cuando ordenó al sistema de salud de la nación que comience a otorgar subsidios para las operaciones de cambio de sexo en los hospitales públicos, poniendo a la “reasignación sexual” a la par de las cirugías de corazón, los transplantes de órganos y los tratamientos contra el SIDA como procedimientos médicos subsidiados por los impuestos pagados por los ciudadanos.
Para fin de este año, Colombia podría convertirse en el primer país de Latinoamérica en otorgar a las parejas de gays y lesbianas el total beneficio a compartir el seguro médico, a la posibilidad de heredarse y a la obtención del resto de los beneficios relacionados a la seguridad social. Un proyecto de ley conteniendo estas reformas se encuentra siendo estudiado actualmente por el Congreso Nacional de Colombia. Incluso Cuba ha dado un vuelco respecto a este tema. A fines de los años 60 y principios de los 70, los homosexuales de la isla eran desterrados a realizar trabajos forzados en campamentos junto con Testigos de Jehová, curas Católicos y otras clases de “inadaptados sociales”. Los pacientes con HIV eran encerrados en sanatorios, una práctica que siguió ocurriendo hasta el año 1993. En la actualidad, varias ciudades de Cuba son anfitrionas de festivales de cine LGBT. Y como si esto fuera poco, el programa de TV más popular del canal estatal de la isla del año pasado ha sido "El Lado Oculto de la Luna", una telenovela sobre un hombre casado que se enamora de otro hombre y que termina infectándose de HIV.
Sin embargo, esta clase de tolerancia no se esparce de igual manera en todo el mundo. La homosexualidad sigue siendo tabú en la mayor parte de la zona de Medio Oriente. En la mayoría de los países del Extremo Oriente, las leyes que permitan la unión civil entre gays y lesbianas están a años, incluso a décadas de ser aplicadas. Incluso en Latinoamérica, la aceptación de la homosexualidad no se encuentra en todos lados. En México, las integrantes de la primera pareja en hacer uso del nuevo estatuto de unión civil en Coahuila fueron despedidas de sus empleos como vendedoras cuando sus jefes se enteraron que eran lesbianas. La nueva ley de Ciudad de México le otorga a aquellos que se unan civilmente los derechos a la propiedad conjunta y los derechos a heredarse, pero no el derecho de adopción.
Incluso los gays mexicanos que hace años luchan contra la discriminación pueden ver algunos signos de mejoría. En el año 2003, José Luís Ramírez consiguió empleo como comprador en la oficina central de uno de los centros comerciales más importantes de Ciudad de México. Las cosas funcionaban perfectamente, hasta que decidió llevar a su pareja a una cena de negocios de la compañía. "El rostro de mi jefe de transformó" recuerda Ramírez. Luego de ese evento, a Ramírez se le negaron constantemente posibilidades de ascenso y progreso en la empresa y decidió abandonar la compañía el año pasado. Actualmente, su sexualidad "no es un problema" con su empleador actual, una empresa minorista de amoblamiento para el hogar.
La tolerancia ahora se cuenta como la mayoría, al menos entre la gente joven. En una encuesta del año 2005 llevada a cabo por la firma Mitofsky se descubrió que el 50 por ciento de los mexicanos de 18 a 29 años de edad apoyaba las propuestas para permitir el casamiento entre homosexuales.
Karla López conoció a Karina Almaguer en la línea de ensamble de una fábrica de autoestéreos en Matamoros. Ellas se convirtieron en la primera pareja gay mexicana en casarse bajo la nueva ley de unión civil. López, de 30 años de edad, es madre de tres niños. Ella insta a que más gays y lesbianas sigan su ejemplo y asuman su sexualidad públicamente. "Me sentí rara al principio, porque la gente nos juzgaría y nos miraría mal" reconoce López. "Pero ahora me siento más segura y más tranquila". Si más líderes políticos, miembros del clero y jueces actuaran en favor de personas como Karla López, los nuevos vientos de cambio seguramente soplarán en todo el planeta durante mucho tiempo.

Fuente: Frecuencia Gay
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