Sunday, June 01, 2008

 
Aprendiz de pornógrafo

Jaime Humberto Hermosillo es conocido por parte de la crítica como el Almodóvar mexicano. Un cineasta indomable. Con más de 30 películas y 65 años, ahora puede verse en Internet su proyecto de largometraje hecho con un móvil.

Sueña con adaptar Madame Bovary y Otra vuelta de tuerca, aunque es consciente de que nunca lo conseguirá. No le ocurre lo mismo con dirigir un musical con el cantante Ricky Martin. Aquí el cineasta Jaime Humberto Hermosillo (Aguascalientes, México, 1942) no ha tirado aún la toalla. Es director de cine, mexicano, gay y está fuera del armario. Una combinación explosiva en su país. Es decir, estamos ante un cineasta indomable que lleva más de 40 años en el oficio. Que todavía tiene la vocación de seguir innovando y que ha incluido el universo gay en sus películas desde la radicalidad de la normalización. Pero también es provocador –“sin buscarlo”, dice– de pies, talle y cabeza. “Aplaudo la política española sobre la unión entre homosexuales, pero espero los siguientes progresos; por ejemplo, que me permitieran unirme a dos o más personas”. Ha trabajado con Gabriel García Márquez y visitó recientemente España invitado por el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, donde se le dedicó una amplia retrospectiva organizada por Francisco Ponce. A él no le gusta, pero la prensa y la crítica le han calificado como el Almodóvar mexicano. Pero que quede claro, pese al piropo, pese a que le halaga, a él no le gusta. Con 65 años cumplidos, todavía tiene el virus de lo nuevo.
Ésta es realmente su historia. La de un hombre que tuvo la valentía de expresarse en un ambiente hostil y no sólo eso, también dejarlo impreso en celuloide. Y no para. El autor de La pasión según Berenice (1976) piensa que el arte cinematográfico pasa hoy por un momento histórico “pletórico de interesantes perspectivas”. Ahora experimenta con el MP4, e intenta hacer un largometraje con la cámara de su teléfono móvil. “Recién mostré en una exhibición privada y subí a mi página en Facebook doce minutos de Dolor, ese proyecto en proceso que, de llegar a terminarse, completaría la trilogía empezada con Rencor (2005) y Amor (2006)”.
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SU PRÓXIMA PELÍCULA, el largometraje número 30 de su carrera, se llamará Fetiche y está basado en una novela de Eduardo Montagner. “Trata de un homosexual que se enamora de alguien que no lo es. Espero que no tenga que esperar a que se creen festivales de cine fetichista para ser invitado…”. Y es que nada le disgusta tanto como que le etiqueten por su condición sexual. “Que lo hagan es la experiencia más terrible que puedo haber vivido, y la más grotesca. No estoy a favor de los festivales de cine gay. La preferencia sexual es algo personal y no debe convertirse en temática”. ¿O en parque temático?
Lo suyo no es denuncia ni reivindicación. “Como Stendhal: paseo el espejo por el camino y no soy responsable de lo que refleja. No es poco. Otro punto de encuentro con el director manchego lo encontramos quizá en Átame (Pedro Almodóvar, 1991). Y es que el mexicano, como los personajes de aquel filme, es un resistente que se zampa la vida a contracorriente. Lo demuestra con su cine elegante, bien construido y sin miedo a la experimentación formal. La tarea (1991), su filme más conocido, está construido sobre un plano estático de 80 minutos de duración; Exxxorcismos (2002) contiene un monólogo de casi veinte minutos con un único personaje en primer plano. Son dos ejemplos.
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EL DIRECTOR DE Doña Herlinda y su hijo (1984) –que trata la cohabitación de una pareja homosexual, Rodolfo y Ramón, con la esposa de Rodolfo en casa de la hospitalaria y comprensiva Herlinda, mamá de éste– habla con la autoridad de quien ha tratado las relaciones entre hombres en sus películas de forma recurrente. Sin aspavientos. Con total naturalidad. Ahuyentando los prejuicios. Un iconoclasta que ha pulverizado tabúes y clichés en su país mostrando rotundos penes erectos cuando la acción lo requiere.
“Parafraseando a mi admirado John Ford, que se presentaba como ‘director de películas del Oeste’, en ocasiones me he presentado como ‘aprendiz de pornógrafo’. Pues bien, quisiera graduarme ya. Soy un voyeurista incorregible, aunque cuando dirijo esas escenas no puedo evitar cerrar los ojos; eso sí, después es muy gratificante verlas. Deseo que también lo sea para los espectadores”. Fuente: El País
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