Monday, October 13, 2008

 
La vacuna preventiva contra el sida se aleja

A Luc Montagnier (Chabris, 18 de abril 1932) se le escapa una sonrisa algo maliciosa cuando explica que el Premio Nobel de Medicina que acaba de obtener ex aequo con su antigua colaboradora del Instituto Pasteur Françoise Barré-Sinoussi, viene a reconocer "un logro colectivo". Él no quiere colgarse todas las medallas, pero esa sonrisa habla por sí sola de hasta qué punto se siente reivindicado con la decisión del Instituto Karolinska.
El biólogo francés atiende a EL PAÍS en su oficina de la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del Sida, creada por él, bajo los auspicios de la Unesco, en 1993. Han pasado apenas cuatro días desde que recibiera la llamada de Estocolmo que le coloca en el Parnaso de la ciencia mundial por su descubrimiento del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
El virus responsable del sida, una enfermedad que se ha cobrado 23 millones de vidas desde que fue tipificada en 1981, y que acecha a otros 33 millones de personas portadoras del virus. El descubrimiento francés, publicado en 1983 en la prestigiosa revista Science, fue contestado por el profesor Robert Gallo, que anunció haber descubierto el mismo virus, en el National Cancer Institute de Bethesda (Maryland, Estados Unidos), en abril de 1984. La larga guerra entre los dos equipos por las patentes derivadas de este hallazgo no quedó zanjada hasta 1987. La disputa científica quedó en una especie de tablas, y los dos principales protagonistas, Montagnier y Gallo, enterraron el hacha de guerra hace más de una década. Cuando menos se esperaba, después de haber compartido premios de talla internacional, como el Príncipe de Asturias, en 2000, el Instituto Karolinska que concede los Nobel de Medicina, ha emitido el fallo final e inapelable: el galardón ha ido a parar al equipo francés. A Gallo sólo se le dedica una discreta mención en el texto que detalla el descubrimiento.

Pregunta. Al fin se le hace justicia.

Respuesta. Es un reconocimiento tardío, pero reconocimiento al fin. La verdad es que tanto mi equipo como el del profesor Gallo, con el que he participado en muchas conferencias sobre el sida, hemos compartido ya algunos premios. Lo cierto es que fue un trabajo de investigación colectivo, en el que participaron decenas de investigadores y médicos. Naturalmente, no se les podía otorgar a todos el Nobel. Al menos ha recibido el galardón el Instituto Pasteur, y también ha sido mencionado por su contribución el equipo del profesor Gallo.

P. El premio llega en un momento en el que se habla poco del sida.

R. Por eso es bueno. En el ámbito de la investigación estamos en un momento bastante plano. Se han hecho grandes progresos en lo que respecta a la triterapia (el cóctel de tres retrovirales con el que se trata la enfermedad), pero el hallazgo de una vacuna preventiva se aleja de nuestro horizonte. El premio servirá para recordar a la gente que el sida existe y que nos queda mucho por avanzar en la vacuna.

P. Usted trabaja en una vacuna terapéutica para evitar que el enfermo dependa de por vida de la medicación. ¿Cuándo estará lista?

R. La conseguiremos mucho antes que la vacuna preventiva. En el plazo de tres o cuatro años. El objetivo es erradicar la infección.

P. En Occidente se ve el sida como un problema exclusivo de los países en vías de desarrollo.

R. Es que la gente se ha acostumbrado a vivir con ese riesgo latente, y ha dejado de preocuparse por él. Es lo más humano del mundo. Muchos jóvenes viven como si no existiera el sida. No han oído siquiera hablar de los muertos del sida, por eso es tan importante volver sobre la necesidad de la prevención.

P. ¿Qué personas tienen más riesgo de desarrollar el sida?

R. El virus actúa en aquellos organismos que presentan ya una situación degradada, por el consumo de drogas o por una vida complicada, con abuso de alcohol, o escasa atención a la alimentación. Algunas personas sanas pueden ser infectadas por el virus durante un breve periodo, pero pueden desembarazarse de él enseguida. La moraleja de todo esto es que hay que llevar una vida responsable, y evitar otras infecciones. En África, por ejemplo, es una enfermedad de los heterosexuales y el 60% son mujeres.

P. Profesor, sus trabajos sobre el sida le han convertido en una celebridal mundial, pero no goza usted de las simpatías de una parte de la comunidad científica en Francia. ¿Por qué?

R. Ya conoce la habilidad de este país para cortar cabezas, desde los tiempos de María Antonieta. En cualquier caso la cuestión no me interesa en absoluto. Mi trabajo de investigador me motiva mucho, no sólo el descubrimiento del virus del sida, sino muchas otras cosas. Me interesan los procesos degenerativos en enfermedades crónicas, como el cáncer, el Alzheimer, el Parkinson, o en enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia que, en mi opinión, tienen un origen infeccioso, y en eso trabajo, en estudiar el componente viral o bacterial de estas enfermedades.

P. Usted trabajó sobre las conexiones entre los virus y el cáncer, antes de centrarse en el sida. ¿No le parece que la investigación sobre esta enfermedad ha sido más audaz, a la hora de plantear los test clínicos, por ejemplo, y menos encorsetada en los procedimientos de ensayo de las distintas terapias?

R. Bueno, es que la investigación sobre el cáncer ha respondido más al cómo se origina que al por qué. Se basa en comprobar el estado de los genes, Las modificaciones que presentan, para a partir de ahí elaborar medicamentos específicos para los tipos de tumor. En el caso del sida trabajamos sobre el factor causal. En estos momentos se estudia también el factor causal del cáncer. Si se pudiera establecer el mecanismo que lo causa se abriría un camino muy importante. En todo caso, la dificultad añadida del cáncer es que las células cancerosas tienen una capacidad de modificación enorme, y eso hace muy difícil atacarlas. Puede que una terapia funcione, pero al cabo de los años se produce la recaída por la capacidad de las células malignas de transformarse. Por lo tanto, lo que hay que atacar es el potencial de variabilidad de la célula. Un factor común entre sida y cáncer es la importancia que tiene la oxidación celular en ambas enfermedades. En el caso del sida, en la infección por parte del virus, y en el caso del cáncer, en la perturbación genética que se produce. La oxidación estimula la variabilidad de la célula. Por eso es importante evitar el proceso de oxidación.

P. La oxidación celular es responsable de muchas catástrofes. Recuerdo que usted le recetó al papa Juan Pablo II un tratamiento antioxidante para el Parkinson, basado en la papaya fermentada.

R. Sí, fue una recomendación que le hice cuando me recibió en audiencia para hablar de la situación del sida en África, en 2002.

P. Y aprovechó para criticar la insistencia de la Iglesia en condenar el uso del preservativo incluso en ese continente.

R. No, no lo critiqué. Simplemente dije que era un error grave. De todos modos los religiosos que están en África, sobre el terreno, mantienen una posición más abierta. El nuevo Papa parece tener también una actitud más comprensiva, por lo menos eso es lo que han dado a entender algunas personalidades, como el cardenal Carlo Maria Martini. Aunque no se diga abiertamente, todo parece indicar que hay una tolerancia mayor en el Vaticano sobre el tema.

P. El Instituto Pasteur le jubiló a los 65 años y tuvo usted que marcharse a trabajar a Estados Unidos. ¿Cuáles son las principales diferencias entre la investigación que se hace en Europa y la que se hace en Estados Unidos? ¿Tenemos un espíritu más burocrático los europeos?

R. La burocracia existe en todas partes, en lo que respecta por ejemplo a los créditos científicos. Tengo colegas americanos que se pasan la vida redactando informes porque los necesitan para conseguir financiación. Lo que sí varía en Estados Unidos es el criterio que se aplica a la carrera de los investigadores. La edad cuenta poco, lo que cuenta es que el investigador siga teniendo la capacidad física y mental de investigar y de hacer aportaciones importantes.

P. ¿Europa está más pendiente de la edad?

R. El problema es que los investigadores europeos universitarios son casi siempre funcionarios. Y la función pública tiene unas reglas fijas. Sin embargo, la edad no tiene mucho que ver con la eficacia de la actividad de un investigador, y en nuestro trabajo no necesitamos las reglas del funcionariado. La solución sería que los investigadores no fueran funcionarios, sino que tuvieran un estatuto especial. A mi edad [76 años] creo que soy todavía bastante productivo.

P. ¿Cree que el Nobel será un estímulo a la investigación, no sólo francesa, sino europea?

R. El premio viene a honrar un descubrimiento de hace 25 años, pero quizás pueda servir de estímulo. En Francia hemos recibido muy pocos Nobel en Ciencias. Por eso no creo que se deba sacar la conclusión de que nuestra investigación funciona bien. En líneas generales las ideas y la capacidad de investigación en Francia han disminuido bastante en relación con la primera mitad del siglo anterior.

P. Entonces...

R. Hay que hacer otra revolución.

Fuente: El País
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