Saturday, May 09, 2009

 
Repunte de asesinatos homofóbicos en Brasil, con 50 muertes desde enero

Por el estado en que se hallaban los cuerpos, no cabía duda de cual era el móvil del asesinato que, el viernes pasado, estremeció a Río de Janeiro. A Joao Cavalheiro y a su novio, un guía japonés de turismo, los cocieron a puñaladas y, para completar la faena, les quemaron los órganos sexuales con un ácido.
En las paredes del piso que compartían, en el barrio de Ipanema, estaban inscritas las siglas del CAG (Comando Anti-Gay) que también han aparecido en los muros de algunos locales frecuentados por homosexuales. La Policía duda de si realmente existe una organización de ese tipo o si los autores de esta o de otras atrocidades similares la inventaron para aterrorizar a quienes eligen parejas del mismo sexo.
Las estadísticas son alarmantes. En lo que va del año se han registrado 50 homicidios de gays, lesbianas o travestis en diferentes puntos de Brasil, principalmente en las grandes ciudades turísticas o en las asoleadas costas del nordeste del país.
"Cuatro de cada diez agresiones físicas que se denuncian en las playas del estado de Pernambuco provienen de individuos pertenecientes a las minorías sexuales, que a la vez representan el 60% de las víctimas de los crímenes más aberrantes”, afirma el comisario Nicanor Oliveira.

200 asesinatos en 2008

Al ritmo que lleva, la nueva erupción de homofobia rompería el record que marcó en el 2008, cuando, según la Policía Federal, hubo 200 asesinatos de personas que no ocultaban su homosexualidad. Un incremento del 55% en relación al 2007.
¿Por qué habrían de disimular, si Brasil se proclama como el país más tolerante con las minorías sexuales? La verdad es que detrás de ese mito se oculta una maraña de oscuros prejuicios. Un dato que las autoridades prefieren ignorar es que Brasil es el país donde se comete el mayor número de asesinatos homofóbicos en el mundo (seguido por México y EEUU), según las mismas fuentes.
"Basta sintonizar cualquier programa humorístico en la televisión para estremecerse por el odio que transmiten los animadores con sus chistes. Y no hablemos del veneno que destilan ciertos curas, que deberían ir presos por fomentar este nuevo tipo de inquisición", declara Marcelo Cerqueira, del Grupo de Gays de Bahía (GGB), una organización que tiene su sede en Salvador de Bahía, una de las ciudades más atrayentes de Brasil.
Cerqueira advirtió que el GGB u otras organizaciones afines denunciarían al gobierno ante la ONU por ser indiferente al 'homocausto' (un término que toma prestado del Holocausto) que se cierne sobre millones de ciudadanos.

Campaña contra la homofobia

En 2004, la Secretaría de Derechos Humanos, un organismo creado por el presidente Lula, lanzó una campaña nacional contra la discriminación, titulada 'Brasil, país libre de homofobia'. Fue una intensa cruzada, con charlas en las escuelas y carteles colocados en sitios de esparcimiento, en la que se invirtieron 20 millones de dólares y toneladas de buenas intenciones. Pero que a juzgar por los resultados, no consiguió el objetivo que se había propuesto.
El sociólogo Alexandre Joca, coordinador de los proyectos educativos de la organización Grupo de Resistencia Ala Blanca (GRAB), ha observado que la ola de crímenes aumenta durante y después de los así llamados "desfiles del orgullo gay" y, a la vez, que un alto porcentaje de los asesinos son personas de bajos ingresos.
"La tolerancia sexual era una utopía que perduró en virtud a que los gays eran prácticamente invisibles. La percepción de que se han hecho 'demasiado' visibles genera un pozo de resentimientos en los sectores de escasos recursos. Lo que presenciamos es un fenómeno casi idéntico al del racismo, donde se busca un chivo expiatorio para descargar las frustraciones", dice el experto.
Luis Pinheiro, un criminalista y oficial retirado de la Policía de Ceará, al norte de Brasil, indica que la peor parte se la llevan los transexuales. "En este estado, el riesgo de que una travesti sea asesinada es 259 veces mayor que la de un gay. Y si esa persona se prostituye, ya no hay punto de comparación. En cualquiera de los casos, en la época en que yo estaba en servicio activo, el odio al gay o al travesti se medía por el número de puñaladas que recibían. En todos los casos, los homicidas preferían usar arma blanca o garrotes, en vez de pistolas", explica Pinheiro.

Fuente:El Mundo
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