Tuesday, August 04, 2009

 
El miedo sigue en el armario


Casi siete años después de la entrada en vigor de la Ley de Parejas de Hecho de Andalucía, con la que el colectivo homosexual conseguía la equiparación en derechos a la hora de formalizar una relación de pareja, todavía esa equiparación legal no ha conseguido ir de la mano de una plena normalización social.
“Todavía se puede perder el trabajo por salir del armario”. Son palabras de Flora Pereira, presidenta de ‘Colega’ Huelva, una asociación que lucha día a día contra los estereotipos y prejuicios que aún prevalecen en una sociedad todavía mal educada para la plena aceptación de la diversidad entre sus valores de convivencia. Aunque se han dado pasos importantes, la realidad a día de hoy “muestra que no hay igualdad real”, según la opinión de Enma Cifre, educadora social y técnica de ‘Colega’ Huelva, quien matiza que es “cuestión de reforzar, y mucho, la educación en valores en la sociedad”.
Así las cosas, la invisibilidad, el camuflaje y el refugio siguen siendo componentes casi imprescindibles para que las personas homosexuales puedan cumplir con sus deseos “porque aún impacta ver a dos personas gays o lesbianas besándose en la calle o cogidos de la mano, porque se siente la observación y cuesta dar la cara, y por eso muchos prefieren vivir la vida en el anonimato”.

El trago de contarlo

El miedo sigue en el armario. Los testimonios que ha recabado este periódico para la realización de este reportaje así lo acreditan. Confesar en los vínculos cercanos que se es gay o lesbiana sigue siendo un paso que lleva años tomarlo; una decisión de valentía que se ha de madurar más de lo que se debiera, y que está rodeada en todo momento del miedo a ser rechazado por el ámbito familiar.
Juan Francisco García tiene 26 años, y hace dos ‘salió del armario’, y tomó la decisión de contárselo a sus padres “que me han aceptado muy bien” después de toda una vida “completamente escondido”, lo que llevó incluso a que su madre pensara que “estaba metido en temas de drogas”. En sus relaciones sociales, reconoce tener “amigos y amigas que me han aceptado perfectamente”, pero también lamenta que algunos amigos “me han dado de lado”.
Desiré Vergara tiene 28 años, es lesbiana y se lo contó a su madre hace dos meses: “Salir del armario es horrible”, confiesa Desiré, a la vez feliz de haberse quitado un peso de encima y de, en cierta forma, haber podido normalizar su situación en casa. En cierta forma, porque “sólo se lo he contado a mi madre, que está en proceso de asimilarlo, pero lo ha entendido muy bien; mi padre creo que no lo sabe, y a mi hermano no sé si se lo contaré algún día porque es demasiado tradicional”. Pero Desiré ha podido encontrarse a sí misma, o más que eso, que personas cercanas a ella la tengan delante tal y como ella es: “Yo tenía una máscara puesta en casa, y casi nadie conocía mi verdadero yo”.

En el trabajo

El miedo sigue en el armario. La normalización queda aún algo lejos, y una de las esferas donde más hay que trabajar es en la laboral: “El ámbito laboral es en el que menos se cuenta”, apunta Raúl del Río, presidente de la Fundación Triángulo Andalucía, quien explica que a día de hoy “no es que te echen por ser homosexual, pero sí hay casos en los que te relegan”.
Juan Francisco es un ejemplo de esa discriminación, ya que, según su experiencia, “me han puteado en todos los trabajos en los que he estado”. Por su parte Desiré cuenta que cuando tenía pareja y salía el tema en su trabajo, “yo no decía que tenía novia, sino que hablaba de ella como mi novio. Desgraciadamente, prefiero camuflarme”.

Ser homosexual en Huelva

Muchas veces se dice que Huelva es un pueblo grande, en el que casi todo el mundo conoce, o cree conocer, a casi todo el mundo. Cuanta más pequeña es la población, más trabajo cuesta la libre expresión de cada uno, y en los pueblos “es donde más hincapié hay que hacer en el trabajo de normalización porque queda mucho por avanzar en las poblaciones pequeñas”, explica Del Río, quien opina que ser gay en Huelva “es más difícil que en una gran ciudad”.
Juan José, que prefiere sólo dar su nombre propio, reconoce que “tuve que salir de Huelva para poder expresarme tal como soy, y conozco a mucha gente homosexual que en sus conversaciones reconocen que sueñan con salir de Huelva para poder conocer gente y expresar con más libertad su sexualidad” .
Son testimonios de los pequeños pasos de un colectivo que, pasito dao camino recorrío, se abre paso hacia la normalización en una sociedad enferma aún de estereotipos, con demasiada ignorancia dentro de sus armarios, y que debe seguir aprendiendo que la bondad o maldad de una persona nunca la ha marcado, ni nunca la marcará, el con quien te acuestes o con quien te levantes.

“Ya está la cosa mejor, pero aún hay gente muy mala”

Paqui Adame es el mejor ejemplo de cómo la normalización ha de prevalecer a la hora de afrontar que un hijo o hija sea homosexual.
Hace dos años, uno de sus tres hijos, Juan Francisco, decidió contarle a ella y a su marido, que era gay, “y lo acepté desde el primer momento, aunque ya me olía algo, porque su actitud no era normal, e incluso llegué a pensar que mi hijo estaba metido en temas de droga”.
Su valentía a la hora de dar la cara la hace una madre modelo, en cuanto a la defensa de los valores humanos que tiene toda persona, más allá de su inclinación sexual: “Soy una madre más, y mis hijos me duelen todos por igual, pero en el caso de mi hijo Juan Francisco, por lo mal que lo ha pasado y que se lo han hecho pasar, saco las uñas con quien tenga que sacarlas”.
Ella ha sabido allanar el camino de su hijo a base de cariño, comprensión y respeto, y por eso sus palabras han de servir de estímulo para los padres y madres que están en proceso de entender que un hijo o hija les ha confesado ser homosexual: “Les aconsejo que les den todo el apoyo desde el primer momento, que lo acepten y que tengan claro que no hay que diferenciarlos. Yo voy con la cabeza muy levantada, y muy orgullosa de mi hijo. No se puede rechazar a una persona por ser homosexual”.
Es por eso que Paqui defiende con uñas y dientes al colectivo, y cuando ha tenido que escuchar comentarios ofensivos, ha sido la primera en dar la cara: “Que alguien me explique por qué motivo hay que juzgar a un hombre por el simple hecho de que le gusten los hombres, o a una mujer porque le gusten las mujeres”. Con personas como ella, la normalización queda más cerca, y como la propia Paqui enuncia “ya está la cosa mejor, pero todavía hay personas muy malas con este tipo de gente”. Es cuestión de tiempo, educación y de madres como Paqui Adame.

En pleno proceso social hacia la normalización

La lucha de los colectivos de gays, lesbianas y transexuales sigue en marcha, y después de lograr equipararse en derechos, el proceso social hacia la normalización avanza a pequeños pasos. Y lo hace, entre otros factores, por el esfuerzo de asociaciones como ‘Colega’ o la Fundación Triángulo Andalucía.
“Se ha avanzado mucho en derechos, pero no en sensibilización y concienciación ciudadana”, expresa Enma Cifre, técnica de ‘Colega’ Huelva, asociación que trabaja día a día en el derribo de los estereotipos, en el auge de la educación en valores, y en seguir quitando piedras del camino. Por su parte, la Fundación Triángulo “sirve para apoyar a todos los que piden información y ayuda, e intentamos generar procesos de visibilización”, explica su presidente, Raúl del Río González.
Del Río aclara que el trabajo de la fundación que él preside no sólo se centra en el colectivo homosexual, sino que “trabajamos por las libertades de todos los ciudadanos”, en un esfuerzo constante y paulatino de hacer que la diversidad no sea un elemento de separación, sino de cohesión, respeto y amplitud de miras.
No es más que abrir las puertas a la libertad de las tendencias respetuosas, y aunque reconoce que todavía “queda mucha gente dentro de los armarios”, también es consciente de que todo lo trabajado no cae en sacos rotos: “Sigue habiendo miedo, y en el caso de Huelva queda mucho por hacer, pero estamos en el camino”.

Fuente:Andaluzia Información
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