Thursday, December 24, 2009

 







Los derechos perdidos de los homosexuales en África

Que se casen dos personas del mismo sexo es legal en España desde el verano de 2005. Los dos primeros novios, Carlos y Emilio, fueron noticia. Luego vino la normalidad, hasta tal punto que se ha demostrado que la cuestión no era tanto “quiero casarme” como “quizá no me case, pero exijo tener derecho a elegirlo”.
Después de que el apocalipsis no llegara, casi nadie pide que la ley sea derogada y nadie amenaza con hacerlo si gana las elecciones. Es un avance social consumado que tarde o temprano, dice la lógica de los tiempos, acaba dando ejemplo a otros países. Sin embargo, también se está produciendo el fenómeno contrario y la represión de la homosexualidad por vía legal va en aumento.
Hablamos de Uganda, por ejemplo. La cosa, en vez de mejorar, va a peor. Ser homosexual en Uganda es delito desde hace décadas y un ugandés que le dé un beso a otro ugandés puede pasar hasta 10 años en la cárcel. La cuestión es que el Gobierno quiere reformar la ley para poder castigarles con cadena perpetua o incluso condenar a pena de muerte a los seropositivos homosexuales (y no a los heterosexuales). Además, aquellos que “ayuden o faciliten” a “cometer” actos homosexuales – en esto se incluye difundir pornografía para este público – serán también sancionados.
“Esto es una forma de asesinato dirigido”, comenta Jacqueline Kasha, de Freedom and Roam Uganda (FAR-UG). Según vaticinan cientos de organizaciones de dentro y fuera del país, la iniciativa provocará el exilio a cerca de medio millón de ugandeses que seguramente huirían del país antes de correr el riesgo de ser detenidos.
A donde parece que no podrán emigrar – otros condicionantes al margen – es a su vecina del sur, Ruanda. Este país no tenía tipificado hasta ahora el delito de homosexualidad, pero el parlamento ruandés planea sancionar las relaciones sexuales entre adultos del mismo sexo con entre 5 y 10 años de prisión. La norma, de ser aprobada a principios del año que viene, también declarará punible el hecho de “promover” la homosexualidad. “Nuestro país y nuestra gente se niega a reconocer que existimos“, se quejan las asociaciones LGTB ruandesas, pero la realidad es que su condición puede empezar a ser visible, pueden empezar a ‘existir’, y no precisamente para bien. No denunciar también será delito.
Pongamos que los ugandeses y los ruandeses perseguidos huyen hacia el sur. Se encontrarán con Burundi, otra ex colonia francesa donde ser gay o lesbiana ya es ilegal. No desde tiempos acenstrales. No por tradición anquilosada o impuesta. Es ilegal desde el pasado mes de abril. Unos meses después de promulgar la reforma, el presidente del país, Pierre Nkurunziza, recibió el premio de la Paz de una organización católica italiana por, según él mismo, “luchar contra la homosexualidad”.
Ruanda, Uganda y Burundi son países casi netamente cristianos y mayoritariamente católicos. Varios activistas internacionales de la defensa homosexual sugieren que este repunte de la homofobia está reforzado por la influencia de la jerarquía eclesiástica. Por otra parte, en Estados Unidos se habla de que han sido gurús norteamericanos los que han inspirado a los gobernantes ugandeses.
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El texto justificativo de la ley ugandesa dice:
“Teniendo en cuenta los valores históricos, legales, culturales y religiosos de Uganda que establecen que la familia, basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es la unidad básica de la sociedad (…) Los estudios señalan que la homosexualidad tiene muchas consecuencias negativas incluyendo altos índices de violencia, transmisión de enfermedades venéreas y consumo de drogas. El alto número de separaciones y rupturas en las parejas homosexuales también crea un ambiente muy inestable para criar niños y por consiguiente justifica la censura a la adopción, además de causar fuertes secuelas psicológicas en aquellos niños. Sin mencionar que la promoción del comportamiento homosexual afecta nuestros valores familiares tradicionales.”
El Parlamento Europeo acaba de pedir a Uganda que se retracte de su ley. Esta petición ha sido aprobada con una participación pírrica de los eurodiputados (según Dos Manzanas, sólo se quedaron a votar 65 de los 736), y con 3 votos en contra. Los tres eurodiputados que se opusieron a pedir al país africano que no apruebe la ley homófoba fueron los alemanes Monika Holhmeier y Bernd Posselt, representantes de la CSU (Unión Social Cristiana) y la polaca Róża Gräfin von Thun und Hohenstein, los tres integrados en el Partido Popular Europeo.
Obviamente, ni el único fundamentalismo homófobo en África es el cristiano (en Mauritania o Sudán también está establecida la pena de muerte para estos casos) ni Ruanda, ni Burundi, ni inminentemente Uganda son los únicos países africanos donde ser gay o lesbiana es ilegal; al menos treinta países del continente prohíben la homosexualidad. En una decena de ellos, esta prohibición solo está escrita para los hombres, pero decir que el lesbianismo está permitido es interpretar la ley desde la ficción. Sudáfrica es el único país africano donde el matrimonio homosexual es legal, desde 2006.
África no es una foto fija donde todo va mal, porque Sudáfrica es una prueba de que las cosas pueden ir mejor. En Ruanda o Burundi ser homosexual no era delito hace un año. En Uganda, donde esa lógica de los tiempos hacía pensar que dejaría de serlo, será ahora castigado con pena de muerte. No estamos hablando de derechos por conseguir en el continente de los derechos por conseguir, sino de derechos perdidos y tirados al pozo de la involución. No alcanzar no es lo mismo que perder. Fuente: P+DH

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