Thursday, March 04, 2010

 
El matrimonio gay llega a Washington


Después de los duros golpes que sufrieron los defensores del matrimonio homosexual en los estados de Nueva Jersey y Nueva York, esta semana les han llegado buenas noticias de la ribera norte del Potomac. El estado de Maryland aprobó el reconocimiento de los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en otros estados del país, y Washington empezará a tramitar las bodas entre gays a partir de mañana.
Se espera que desde primera hora de la mañana se formen largas colas en las dependencias de las autoridades locales de parejas que quieren formar parte de la primera ola de bodas gays en la historia de Washington DC. Según funcionarios del ayuntamiento, el primer matrimonio se podría celebrar el próximo martes.
Puesto que la capital de los EEUU tiene un estatuto de distrito federal, y no de estado, se ha debido esperar 30 días después de la firma de la ley que legaliza el matrimonio gay para que entre en vigor, puesto que el Congreso federal puede vetar las normas de las autoridades locales. Esta noche termina el plazo, y el Congreso no tiene intención de intervenir.
Después de haber apelado infructuosamente a los tribunales ordinarios, a los detractores de la medida, liderados por varias iglesias, les queda un último cartucho: el Tribunal Supremo. Su argumento es que se debería someter la cuestión a una votación en referéndum, como se hizo en California. Los contrarios al matrimonio homosexual están convencidos que de ser así, una mayoría de los habitantes de la ciudad rechazarían la medida.
Todo parece indicar que no se saldrán con la suya, y Washington se sumará a los cinco estados donde el matrimonio homosexual ya es legal (Vermont, Connecticut, Massachusetts, Iowa, y New Hampshire). Me alegro que así sea, pues reforzará la división entre iglesia y Estado, uno de los principios bajo los que se fundaron los EEUU, y que lo convierten en ejemplo.
Y es que, en un momento en el que muchos acusan a muchos musulmanes de no saber separar religión y Estado, no deja de ser curioso que muchas iglesias cristianas insistan en imponer sus dogmas al conjunto de la sociedad.
Estas iglesias tienen todo el derecho a considerar que un matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer, y a no oficiar bodas entre personas del mismo sexo. Ahora bien, no deberían pretender imponerlo a las personas de otras confesiones que no están de acuerdo con su interpretación de las escrituras, o a las personas que simplemente no profesan religión alguna. El Estado debe mantener su imparcialidad entre las diversas confesiones.

Fuente: El Mundo
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